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Estos últimos días he pensado qué puedo escribir, pero la verdad creo que me encuentro bloqueado. Aunque tengo muchas ganas de escribir, no tengo cabeza para pensar algo y redactarlo. Siento que no estoy siendo creativo y no se me ocurre nada que pueda resultar de interés en este momento. Creé este espacio para desahogarme y no tengo mucho que decir en estos días en los que todo ha sido monótono. Sin embargo, creo que esta semana ha pasado algo extraordinario, así que trataré de expresarlo de la mejor manera.
Nunca pensé en el futuro porque creí que no habría un lugar para mí como pecador, bueno, por ser diferente al cristiano promedio. Durante la adolescencia pasaban cosas oscuras por mi cabeza: era muy dramático, estaba confundido, triste y, por supuesto, era súper hater de la religión, sobre todo de la que profesa mi familia. Por lo mismo, me sentía solo en mi propia casa, viviendo una especie de mentira.
Fue en esa época cuando descubrí que había más mundo por explorar. Siempre me guié únicamente por la Biblia y nada más. Nunca miré más allá de la burbuja que me hicieron creer que existía, y mi vista estaba nublada; realmente no conocía el mundo ni cómo funcionaba porque no me dejaban. Todo era muy lejano para mí.
Por lo mismo, no tenía claro qué seguiría después del bachillerato ni en la vida en general. Me preguntaba qué se supone que hacen los demás, porque los ejemplos que tenía dejaban las clases y se dedicaban de lleno a Dios, algo que no juzgo, pero era el único modelo que conocía entre los chicos de mi edad y no sabía si quería seguir esos pasos.
Estaba en blanco: no tenía sueños, metas ni objetivos al salir de la religión que me ahorcó durante toda mi vida y la que regía todo dentro de ella.
Me tomé un año sabático y fue lo mejor que pude hacer, porque no tenía nada pensado cuando terminé el bachillerato; habría arruinado aún más mi vida si hubiera decidido algo de forma imprudente, aunque, de cierta manera, al final también lo hice. Durante ese tiempo pensé mucho en el arte y en cómo me impulsaba a mirar el mundo de una mejor forma. Incluso comencé a dibujar nuevamente con fervor, por lo que decidí aplicar a Artes Visuales en la universidad muy entusiasmado porque al fin quería hacer algo por mí.
Sin pensarlo demasiado, y quizá equivocadamente, elegí Pedagogía como una segunda opción. No sabía de qué trataba la carrera; estaba tan seguro de quedarme en Artes que nunca consideré otro futuro posible. Pero el destino encontró la mejor forma de burlarse de mí: no quedé.
Era la primera vez que deseaba algo de verdad y no solo seguía la corriente de los demás, y aun así no era suficiente para quedarme, desearlo tanto se quedó corto. Me dolió mucho y lloré durante días sin saber qué hacer, al final había quedado en mi segunda opción. Para mí era solo un relleno, y justamente ese fue el camino que me tocó, era una mala broma en ese momento, LA PEOR BROMA.
Lo pensé demasiado, mis amigos me aconsejaron aprovechar la oportunidad y, después de mucho dudar, entré a esa puerta completamente desconocida. Fue extraño estar rodeado de universitarios que sabían a lo que se enfrentaban o al menos tenían una idea, mientras yo estaba perdidísimo; parecía que jugaba a ser universitario. Me daba mucha vergüenza no tener la más mínima idea de mi futuro.
Con el tiempo me enamoré genuinamente de la carrera. Aun así, considero que no es mi pasión, pero me hizo reflexionar sobre los procesos del ser humano de una forma tan hermosa que decidí quedarme. Descubrí que tenía curiosidad acerca de mucho y que estar ahí saciaba aquello que quería comprender.
Atravesé tantos problemas escolares, que mi mente no tenía espacio para otra cosa que no fueran esos conflictos, las tareas y la teoría. Así con tantas trabas emocionales llegué a sexto semestre con muy poca experiencia en comparación con mis compañeros; no había tenido la oportunidad de aplicar mis conocimientos de forma práctica hasta este semestre.
¿No les ha pasado que le temen tanto a algo que prefieren morir antes de hacerlo, pero cuando finalmente lo intentan descubren que no estaba tan mal? Bueno, justo eso me pasó con la docencia,)
Ser docente me parece una de las profesiones más nobles y, al mismo tiempo, más frustrantes en México, sobre todo por la poca importancia que se le da a la educación. Aunque ya había tenido experiencias frente a grupo, ir a una escuela y ejercer la docencia encendió una llama dentro de mí: sentía que necesitaba más y, sin embargo, también era suficiente. Es un sentimiento que no sabía que existía y que nunca habría conocido si hubiera huido de esta idea. Siempre escuché a mis profesores hablar de lo maravilloso que es el salón de clases, de lo duro que puede ser, pero también de lo gratificante que resulta. Ahora lo entiendo un poco más.
Es verdad que la pedagogía suele ser vista de forma precaria, pero me ha dado habilidades para afrontar la vida, lo cual me parece profundamente valioso. Estar frente a grupo es maravilloso y al mismo tiempo conlleva una gran responsabilidad (porque, como diría el tío Ben, un gran poder exige una gran responsabilidad) a la cual dejé de temerle. Ver el logro de tus alumnos y la felicidad en sus rostros es, creo, lo más hermoso que me llevo de esta experiencia. Tanto, que quiero volver. Quiero volver porque la llama que se encendió dentro de mí no se apagó.
Con esto quiero decir que es interesante cómo se mueven los caminos, y espero que quienes lean esto puedan encontrar el suyo o comprender que, a veces, un “error” o las segundas opciones pueden ser lo mejor o convertirse en lo mejor que nos pase, aunque también lo peor., bueno el destino es una perra… a veces.
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Gracias por leerme <3
Atte. Una persona que ahora cree que la docencia es increíble.

Me alegro mucho de que pese a no haber sido tu plan inicial te esté gustando como han marchado las cosas, mucho ánimo. En mi caso fue mi primera opción pero no es la rama por la que me hubiese gustado tirar, aún así, no me arrepiento tampoco.
ResponderBorrarHasta que no estas frente a una clase no sabes a lo que te enfrentas, al final visto de alguna manera está en tu mano el futuro de muchas personas así como educarlas. Es una profesión que está bastante infravalorada cuando es (en mi opinión) de las más importantes, pues los docentes son los encargados del futuro de los niños.
Totalmente de acuerdo, las personas que no trabajan en algo parecido le dan tan poca relevancia, cuanto a la educación debiera ser un tema de mayor importancia porque es en el salón de clases uno puede encontrarse de una forma transcendental para su futuro y el del país.
Borraryo estudio educación infantil y me ha ayudado a ver mi vida de otra manera también<3
ResponderBorrarQue bonitooo <33 y es verdd que estudiar algo relacionado a educación te abre el mundo de una manera distinta y más consciente del entorno.
Borraryo admiro mucho a la docencia, me gusta mucho la manera en la que escribes, se siente cercano...
ResponderBorrarYo tambien la admiro bastante,y muchas gracias por decir eso de como escribo me anima bastate a seguir haciendolo <33
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